América Latina sigue creciendo, pero acercarse al nivel de vida de los países más prósperos continúa siendo una tarea pendiente. El Fondo Monetario Internacional advirtió este viernes, 16 de octubre, sobre esa distancia y pidió aprovechar las condiciones externas favorables para reducir la deuda pública y mejorar la productividad. Sus nuevas previsiones sitúan el crecimiento de América Latina y el Caribe en el 2,3% este año y el 2,5% en 2027, recortes de 0,1 y 0,2 puntos porcentuales respecto a julio.
El contraste puede pasar inadvertido en un titular. Una economía que aumenta su producción registra un avance real, pero eso no garantiza que esté recuperando terreno frente a otras. Para evaluar esa distancia importan también la población, la producción por habitante y la capacidad de sostener las mejoras durante años. El crecimiento del PIB tampoco describe por sí solo cómo se reparte el ingreso ni cuánto mejora la situación de cada hogar.
La demanda estadounidense, las materias primas, el turismo y las remesas sostienen la actividad regional, según el análisis del Fondo recogido por Reuters. Sin embargo, esos apoyos conviven con una deuda pública creciente y una productividad débil. Nigel Chalk, director del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, calificó el riesgo de quedarse más atrás como «un problema urgente», según declaraciones preparadas citadas por la agencia. El organismo anticipa que pocos países latinoamericanos se acercarán al nivel de vida de las economías avanzadas en los próximos años.
La productividad permite entender por qué el problema no se resuelve simplemente trabajando más horas. Una empresa puede elevar su producción con mejores equipos, una organización más eficiente, trabajadores capacitados o un transporte que reduzca pérdidas y retrasos. Si necesita más tiempo y recursos para obtener el mismo resultado, dispone de menos margen para competir, invertir o sostener aumentos salariales.
El diagnóstico tiene antecedentes. En su informe regional de octubre de 2025, el FMI ya señalaba que la asignación ineficiente de recursos y el escaso dinamismo empresarial limitaban el crecimiento. Planteaba mejorar el entorno de negocios, impulsar la productividad y aprovechar una mayor integración comercial. El objetivo económico de esas reformas es que el capital y el trabajo puedan dirigirse hacia actividades capaces de producir más valor.
Para un pequeño negocio, esa discusión puede adoptar formas mucho más concretas: conseguir financiación para comprar una máquina, encontrar personal con la formación necesaria o entregar un pedido sin que los costes logísticos absorban el beneficio. Son ejemplos de cómo la capacidad productiva termina influyendo en decisiones cotidianas. Una mejora temporal de las ventas ayuda a pagar las facturas; una mejora sostenida de la eficiencia amplía las posibilidades de crecer.
La energía añade otra dificultad. El impacto de un combustible más caro depende de la posición de cada país: un exportador puede recibir mayores ingresos mientras un importador afronta una factura superior. Dentro de una misma economía también hay diferencias. El beneficio de un sector no evita que otros negocios o las familias soporten mayores costes.
Chalk ya advertía en abril que Centroamérica y las economías caribeñas dependientes del turismo estaban expuestas a ese choque por sus importaciones energéticas y su limitado margen fiscal. En aquella intervención reclamó concentrar el apoyo en las familias, agricultores y empresas más afectados, utilizando las redes de protección existentes. Esa recomendación distingue entre ayudar a quienes sufren el impacto y subvencionar de forma generalizada consumos muy distintos.
El debate fiscal tampoco termina en elegir cuánto gastar. Importan el destino de los recursos, los resultados obtenidos y la capacidad de mantener servicios e inversiones cuando cambian las condiciones económicas. Una carretera útil, una formación que encuentre demanda laboral o un servicio público que funcione pueden ampliar la capacidad de producir. El gasto que no consigue esos resultados deja menos margen para atender otras necesidades.
La advertencia del FMI plantea una pregunta que sobrevivirá a la próxima revisión de previsiones: qué parte del crecimiento de hoy está construyendo mejores oportunidades para mañana. Para los hogares, la respuesta se mide en poder adquisitivo, servicios y estabilidad; para las empresas, en capacidad de invertir y competir. Ahí se juega la distancia entre una economía que avanza y una que consigue alcanzar.