Alphabet perdió casi 400.000 millones de dólares de valor bursátil sobre la base de su cotización fuera del horario regular. La caída, cercana al 10 %, llegó después de la presentación de sus resultados trimestrales y presionó a los futuros del Nasdaq, que retrocedieron alrededor del 1 % durante las primeras horas del jueves, según Reuters.
La magnitud de la reacción refleja la exigencia que afrontan las grandes tecnológicas. La expansión de la inteligencia artificial requiere centros de datos, procesadores y capacidad eléctrica. Los inversores examinan ahora cuánto dinero consumen esas inversiones y cuándo pueden traducirse en efectivo disponible para las compañías.
En Alphabet, Reuters destacó un flujo de caja libre negativo de unos 9.000 millones de dólares en un trimestre marcado por el aumento de las inversiones. Microsoft ofreció el contraste: generó cerca de 19.000 millones de dólares de flujo de caja libre y sus acciones subieron aproximadamente un 3 % después del cierre. El mercado respondió de manera distinta a dos empresas que participan en la misma carrera tecnológica.
Los resultados de Alphabet muestran, además, que el crecimiento del negocio no garantiza una recepción favorable en bolsa. La compañía registró ingresos trimestrales de 127.577 millones de dólares, un 25 % más que un año antes, y un beneficio operativo de 40.576 millones. Sin embargo, el beneficio neto descendió a 26.170 millones y el resultado por acción quedó en 2,12 dólares, según su comunicación de resultados.
Google Cloud fue uno de los principales motores de la actividad: sus ingresos aumentaron un 103 %, hasta los 30.700 millones de dólares. Sundar Pichai atribuyó el avance a la demanda de infraestructura y soluciones de inteligencia artificial. Estas cifras conviven con la presión financiera de ampliar la capacidad necesaria para atender a los clientes.
La reacción también alcanzó a Asia. En la referencia inicial recogida por Reuters, Samsung perdió más del 4 % pese a anunciar un beneficio operativo trimestral récord, mientras el índice surcoreano KOSPI retrocedía un 2,6 %. Los movimientos muestran que unos buenos resultados pueden resultar insuficientes cuando las expectativas previas son elevadas o los inversores esperan más información sobre la remuneración al accionista. No permiten atribuir toda la caída de Samsung al gasto de Alphabet.
La conexión entre ambas orillas del Pacífico tiene una base empresarial. El gasto de los grandes proveedores estadounidenses de servicios en la nube alimenta pedidos de semiconductores y equipos fabricados en Asia. Si aparecen dudas sobre la capacidad de financiar ese gasto, los inversores revisan también las perspectivas de sus proveedores. Una inversión representa un desembolso para quien construye el centro de datos y un ingreso para quien vende sus componentes.
El flujo de caja libre ayuda a observar esa relación entre crecimiento y financiación. Mide, en términos generales, el efectivo generado por las operaciones después de descontar las inversiones en activos. Un resultado negativo puede acompañar una etapa de expansión y no demuestra por sí solo que una empresa esté en dificultades. Obliga, sin embargo, a examinar cuánto tiempo puede mantenerse, con qué recursos se financia y qué rendimiento se espera obtener.
La pérdida de capitalización de Alphabet tampoco equivale a una salida de casi 400.000 millones de dólares de su tesorería. Es una reducción estimada del valor que el mercado asigna a sus acciones. Al calcularse con precios de operaciones posteriores al cierre, sigue expuesta a cambios cuando aumenta la negociación y comienza la sesión regular.
Para los inversores, la próxima comprobación estará en las cuentas de otras compañías, en sus previsiones de inversión y en la evolución del efectivo. Las reacciones opuestas de Alphabet y Microsoft apuntan a una selección más exigente: participar en el crecimiento de la inteligencia artificial ya no basta para recibir la misma valoración.
Los futuros ofrecen una primera señal de esa revisión, pero no determinan cómo terminará la jornada. La apertura, los datos económicos y las siguientes presentaciones de resultados pueden modificar el panorama. Por ahora, la pregunta que acompaña a la expansión tecnológica es cada vez más concreta: cuánto cuesta crecer y quién puede pagar la factura.
Las variaciones de Alphabet y Microsoft citadas corresponden a operaciones fuera del horario regular; las referencias de futuros y mercados asiáticos pueden cambiar durante la sesión.