La jornada comienza con una combinación poco habitual: una de las principales arterias energéticas del mundo funciona a una fracción de su tráfico normal, la gran alternativa terrestre de Arabia Saudí sigue interrumpida y uno de los mayores colchones de emergencia del mercado, la reserva estratégica estadounidense, llega a la crisis en mínimos de más de cuatro décadas.
Hormuz, casi vacío
Los datos preliminares de Kpler recogidos por Reuters muestran que el lunes se registraron apenas cuatro tránsitos de buques de materias primas por el estrecho de Hormuz, frente a diez el domingo. Dos graneleros salieron del Golfo y dos petroleros entraron en lastre.
Antes del inicio de la guerra, el 28 de febrero, por Hormuz pasaban habitualmente alrededor de 125 grandes buques comerciales al día, entre petroleros, gaseros, graneleros y portacontenedores. La ruta canalizaba aproximadamente una quinta parte del suministro diario mundial de crudo y gas natural licuado.
La cifra de cuatro tránsitos es preliminar y no incluye necesariamente embarcaciones que hayan cruzado con sus sistemas AIS desconectados. Describe, por tanto, un tráfico extraordinariamente reducido, no un cierre total del estrecho.
La alternativa saudí tampoco está disponible
El oleoducto East-West de Arabia Saudí continúa fuera de servicio después de los ataques del viernes. La infraestructura permite transportar crudo desde el este del país hasta Yanbu, en el mar Rojo, evitando precisamente el estrecho.
Arabia Saudí había estado desviando por esa ruta aproximadamente 4 millones de barriles diarios, cerca del 4% de la oferta mundial. Mientras el oleoducto siga detenido, Yanbu depende en mayor medida del petróleo almacenado. Tres fuentes de la industria citadas por Reuters estiman que esos inventarios podrían sostener las exportaciones durante aproximadamente cinco a siete días si la interrupción persiste.
Eso no significa que Arabia Saudí vaya a dejar de exportar de forma inmediata. Sí significa que una de las principales válvulas de escape diseñadas para reducir la dependencia de Hormuz está temporalmente limitada justo cuando más se necesita.
Estados Unidos llega con menos colchón
La Reserva Estratégica de Petróleo de Estados Unidos cayó la semana pasada a alrededor de 285 millones de barriles, su nivel más bajo desde noviembre de 1982, según datos del Departamento de Energía citados por Reuters.
La reserva no está vacía y Estados Unidos dispone además de producción doméstica e inventarios comerciales. Pero el nivel actual reduce el margen relativo de una herramienta creada precisamente para responder a grandes perturbaciones de suministro. Los descensos forman parte del acuerdo estadounidense para liberar 172 millones de barriles de la reserva.
El petróleo vuelve a poner precio al riesgo
En las primeras horas del martes, el Brent cotizaba alrededor de 107,05 dólares por barril, con una subida del 1,3%, mientras el WTI avanzaba aproximadamente un 1,5% hasta 102,92 dólares. Son precios de un momento concreto de la sesión y pueden variar rápidamente.
El mercado no está valorando únicamente cuántos barriles faltan hoy. Está intentando calcular qué ocurriría si las interrupciones se prolongan o si aparece un nuevo ataque sobre infraestructuras, puertos o rutas marítimas. El riesgo se concentra ahora tanto en la producción como en la capacidad física para mover el petróleo.
Una crisis de rutas y de margen
La fotografía de este comienzo de jornada no es la de un mundo sin petróleo. Es la de un sistema energético con menos rutas disponibles y menos colchones de seguridad al mismo tiempo.
Hormuz continúa abierto, pero con un tráfico extremadamente reducido. El East-West saudí sigue detenido. Yanbu consume su margen de almacenamiento. Y Estados Unidos afronta el shock con su reserva estratégica en mínimos desde 1982.
Mientras esas piezas no mejoren, el petróleo seguirá siendo mucho más que una cotización: será una de las variables capaces de trasladar el conflicto hacia la inflación, los bonos, los tipos de interés y, finalmente, las bolsas.
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