TOKIO — Durante buena parte de una generación, Japón fue sinónimo de tipos de interés extremadamente bajos. En 2026, esa referencia está cambiando.

El Banco de Japón se prepara para dar un nuevo significado a una cifra que durante años parecía lejana: el 2% de inflación. Fuentes conocedoras de su estrategia señalaron este martes que la institución podría reconocer próximamente que la inflación subyacente se ha asentado alrededor de su objetivo, un paso principalmente simbólico, pero relevante para entender hacia dónde puede dirigirse la política monetaria.

El cambio llega después de que el BOJ elevara en septiembre su tipo de referencia del 1% al 1,25%, el nivel más alto en 31 años. El gobernador Kazuo Ueda ha insistido en que la economía y los precios evolucionan, en términos generales, de acuerdo con las previsiones del banco y que mantener la inflación anclada alrededor del 2% se ha convertido en una prioridad cada vez mayor.

Eso no significa que Tokio esté preparando una sucesión automática de subidas. El propio banco quiere observar cómo los movimientos ya realizados afectan al crédito, la actividad y las condiciones financieras. Pero el debate ha cambiado: la cuestión ya no es cómo escapar de la deflación, sino cuánto endurecimiento necesita una economía en la que los precios y los salarios muestran una dinámica distinta a la de las últimas décadas.

El yen refleja esa transición. Este martes, el dólar cotizaba alrededor de 158,2 yenes. La moneda japonesa se había fortalecido con fuerza antes de la subida de tipos de septiembre, alterando algunas posiciones de carry trade, pero sigue siendo muy sensible a cualquier diferencia entre el ritmo de endurecimiento del BOJ y el de otros grandes bancos centrales.

El otro frente está en los bonos. El rendimiento del bono japonés a diez años alcanzó el 3,075% el 24 de septiembre, su nivel más alto desde 1996. En el extremo más largo de la curva, el bono a 30 años llegó el lunes a un récord del 4,235%. Son cifras que habrían parecido extraordinarias durante la larga etapa en la que el banco central mantenía comprimidos los costes de financiación.

Detrás de ese movimiento no está únicamente el BOJ. Los inversores también observan la inflación, el coste de la energía y la política fiscal. La primera ministra Sanae Takaichi reiteró esta semana su compromiso con la disciplina presupuestaria y con limitar la emisión de deuda, en un momento en que el aumento de los rendimientos encarece gradualmente la financiación de un Estado con una deuda pública muy elevada.

La interacción entre política monetaria y política fiscal explica por qué el mercado japonés importa mucho más allá de Tokio. Durante años, los bajos rendimientos domésticos empujaron a bancos, aseguradoras, fondos y otros inversores japoneses a buscar rentabilidad en el extranjero. Cuando los bonos japoneses ofrecen retornos más altos, una parte de ese cálculo puede cambiar.

No implica que el capital vaya a regresar de forma masiva ni inmediata a Japón. Las decisiones de los grandes inversores dependen también de la cobertura de divisas, de los rendimientos relativos y de sus obligaciones a largo plazo. Pero una subida persistente de los tipos japoneses modifica una referencia que durante décadas parecía prácticamente fija.

Por eso el yen y los JGB —los bonos soberanos japoneses— vuelven a ser observados junto a los Treasuries estadounidenses y la deuda europea. Japón sigue teniendo unas condiciones financieras particulares, pero ya no es el mismo ancla de tipos ultrabajos que el mercado conoció durante tantos años.

La próxima reunión del BOJ termina el 30 de octubre. El mercado buscará entonces menos un gesto espectacular que una confirmación: si el banco considera que la inflación del 2% es sostenible, cada decisión futura tendrá que equilibrar tres piezas al mismo tiempo —precios, yen y bonos— sin perder de vista una economía que todavía necesita crecer.

Japón no ha pasado de dinero barato a dinero caro de un día para otro. Lo que está ocurriendo es más gradual y, precisamente por eso, más importante: el precio del dinero japonés vuelve a ser una variable.

Fuentes: Bank of Japan; Reuters, 24 de septiembre, 5 y 6 de octubre de 2026. Fotografía: Shibuya Crossing, Tokio.
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