La NBA ya no está discutiendo únicamente dónde jugará su próximo partido.

Está calculando cuánto vale abrir una nueva puerta.

Seattle y Las Vegas son hoy los dos mercados que concentran la atención de la liga en su proceso de expansión. El 25 de marzo de 2026, la Junta de Gobernadores autorizó formalmente estudiar ambas ciudades y contrató a PJT Partners para analizar propietarios, infraestructuras, mercados y, sobre todo, la lógica económica detrás de una posible ampliación.

La cifra que circula en la industria explica por qué el asunto ya no puede leerse solo como una decisión deportiva.

Las estimaciones sobre una eventual tasa de entrada se sitúan entre 7.000 y 10.000 millones de dólares por franquicia. La propia NBA ha dejado claro que esa cifra todavía no está fijada y que sigue siendo una estimación construida a partir de las últimas grandes operaciones del mercado.

La referencia más poderosa está en Los Ángeles.

En 2025, la venta del control de los Lakers valoró la franquicia en 10.000 millones de dólares, el mayor precio alcanzado hasta entonces por una operación de control en el deporte profesional. Meses antes, los Boston Celtics habían acordado una venta por 6.100 millones de dólares.

Eso cambió la conversación.

Hace años, una expansión significaba repartir una liga entre más ciudades. Hoy significa crear un activo que, desde el primer día, podría nacer con una valoración comparable a la de grandes compañías cotizadas.

El atractivo está también en la estructura de ingresos.

La NBA estrenó en la temporada 2025-26 un nuevo ciclo de derechos audiovisuales de 11 años con Disney, NBCUniversal y Amazon, vigente hasta 2035-36. El acuerdo amplió la presencia de la liga tanto en televisión abierta como en streaming y convirtió a Prime Video en uno de los grandes distribuidores globales del producto NBA.

Ese contrato aporta algo esencial para cualquier nuevo propietario: visibilidad sobre ingresos futuros.

Una franquicia nueva no compraría únicamente una plaza en una competición.

Compraría acceso a una máquina de distribución global.

Por eso Las Vegas resulta especialmente atractiva. La ciudad ha pasado en pocos años de ser vista principalmente como un centro de entretenimiento y apuestas a convertirse en una plaza consolidada para el deporte profesional.

Seattle ofrece una lógica distinta.

No necesita demostrar que existe mercado para el baloncesto. Ya lo tuvo.

Los SuperSonics jugaron allí durante 41 temporadas antes de trasladarse a Oklahoma City en 2008. La ciudad conserva una base de aficionados que nunca dejó de asociar Seattle con la NBA y cuenta con infraestructura preparada para volver a recibir a la liga.

A finales de septiembre, Reuters informó de que la NBA estaba evaluando tres grupos finalistas para una futura franquicia en Las Vegas. La liga espera estar en condiciones de tomar una decisión antes de que termine 2026, aunque Adam Silver ha insistido en que todavía podría aprobar dos equipos, uno solo o incluso ninguno.

Ahí está la parte más interesante del negocio.

La NBA no tiene necesidad de expandirse.

Puede esperar.

Y esa capacidad de esperar aumenta el valor de lo que está vendiendo.

Si finalmente entran Seattle y Las Vegas, los actuales propietarios recibirían una enorme tasa de expansión. A cambio, aceptarían diluir ligeramente su participación en algunos ingresos futuros de la liga.

La decisión, por tanto, no es emocional.

Es matemática.

¿Cuánto dinero debe pagar hoy un nuevo propietario para compensar a los actuales por compartir mañana una parte de un negocio que sigue creciendo?

Ese es el verdadero precio de la próxima cancha.

No el parquet.

No las gradas.

No el balón.

El derecho a entrar en una liga donde una franquicia ya puede valer 10.000 millones de dólares y donde televisión, streaming, patrocinio, ticketing, hospitality y expansión internacional siguen empujando el valor hacia arriba.

La próxima franquicia NBA aún no existe.

Pero el mercado ya está intentando ponerle precio.

Fuentes: NBA Communications, NBA.com y Reuters. Datos consultados el 2 de octubre de 2026.

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