Durante semanas, el petróleo volvió a recordar a los mercados que una parte importante de su precio no depende únicamente de cuánto crudo existe, sino de si ese crudo puede llegar hasta los compradores.
Este miércoles, esa presión ha comenzado a disminuir.
El Brent acumulaba su sexta sesión consecutiva de descensos y cotizaba cerca de sus niveles más bajos en más de dos semanas. Detrás del movimiento hay una combinación de factores: una mejora gradual de los flujos procedentes del Golfo, la recuperación parcial de una importante infraestructura saudí y nuevas señales diplomáticas entre Estados Unidos e Irán.
El cambio más concreto llega desde Arabia Saudí.
Saudi Aramco ha reiniciado las operaciones del East-West Pipeline, la gran arteria que permite transportar petróleo desde el este del país hasta el puerto de Yanbu, en el mar Rojo, evitando el estrecho de Ormuz. Antes de su interrupción, Arabia Saudí estaba utilizando esta ruta para desviar alrededor de 4 millones de barriles diarios, aproximadamente el 4% del suministro mundial.
La reapertura, sin embargo, no significa que todo haya vuelto inmediatamente a funcionar como antes.
Tres estaciones de bombeo resultaron dañadas y las primeras operaciones se están realizando a un ritmo reducido. Fuentes citadas por Reuters estiman que recuperar completamente la capacidad podría requerir entre seis y ocho semanas. La capacidad total del oleoducto ronda los 7 millones de barriles diarios, aunque el objetivo inmediato de Aramco sería recuperar un flujo cercano a los 4 millones.
Ese matiz es importante.
El mercado no está recibiendo de repente millones de barriles adicionales. Lo que está cambiando es la percepción sobre el riesgo de que una parte importante del suministro saudí permanezca bloqueada durante mucho tiempo.
Además, Arabia Saudí llega a esta fase con una producción mayor. Los últimos datos disponibles de JODI muestran que en julio produjo 8,135 millones de barriles diarios, frente a 7,122 millones en junio. Sus exportaciones de crudo alcanzaron 4,125 millones de barriles diarios, su nivel más alto desde marzo.
El otro factor está en Ormuz
El estrecho de Ormuz continúa siendo la pieza más delicada.
Antes del conflicto, por allí transitaba aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas. El tráfico visible de grandes buques comerciales se ha reducido drásticamente durante la guerra, aunque parte de las exportaciones continúa realizándose con los sistemas de seguimiento de algunos barcos desconectados.
En este contexto, cualquier indicio de negociación tiene un efecto inmediato sobre las expectativas.
El presidente estadounidense Donald Trump afirmó el martes que Estados Unidos e Irán seguían manteniendo contactos y que consideraba posible alcanzar finalmente un acuerdo. Por su parte, Teherán ha planteado la posibilidad de reabrir el estrecho de Ormuz si Washington reduce la presión militar y determinadas restricciones. Eso no equivale todavía a un acuerdo, pero para el mercado supone una diferencia importante respecto a un escenario de escalada permanente.
Menos prima de riesgo, no menos riesgo
La caída reciente del petróleo puede entenderse, por tanto, como una reducción parcial de la prima geopolítica acumulada durante las últimas semanas.
No significa que haya desaparecido.
La infraestructura saudí continúa recuperándose, el tráfico por Ormuz sigue muy por debajo de las condiciones anteriores al conflicto y las conversaciones entre Washington y Teherán todavía no han producido una solución definitiva.
Además, el mercado de productos refinados presenta una imagen diferente. Mientras el crudo se ha debilitado, Reuters señala que los márgenes del diésel han alcanzado niveles récord, una señal de que determinadas partes de la cadena energética continúan sometidas a tensión.
Por eso, el movimiento del Brent merece una lectura más amplia que una simple caída del precio.
Durante las últimas semanas el mercado pagaba, en buena medida, por la incertidumbre: rutas vulnerables, instalaciones dañadas y la posibilidad de nuevas interrupciones. Ahora empieza a descontar que algunas de esas rutas pueden recuperarse.
El mercado no está diciendo que el problema haya terminado. Está diciendo que, por primera vez en varios días, existen más caminos para que el petróleo vuelva a circular.
