Durante años, el consumidor estadounidense convivió con tipos de interés elevados, viviendas más caras y un coste de vida que dejó de crecer al ritmo excepcional de la pospandemia, pero que no volvió a los precios anteriores. Poco a poco, esa presión empieza a aparecer en un lugar menos visible que Wall Street: las facturas que llegan cada mes a millones de hogares.
Los números todavía no describen una crisis financiera. Sí muestran, sin embargo, una economía en la que una parte de los consumidores tiene cada vez menos margen.
Al cierre del segundo trimestre de 2026, los hogares estadounidenses acumulaban 18,77 billones de dólares en deuda, según la Reserva Federal de Nueva York. De esa cantidad, 13,12 billones correspondían a hipotecas, 1,71 billones a préstamos para automóviles y 1,26 billones a tarjetas de crédito. En conjunto, el 4,7% de la deuda estaba en alguna fase de morosidad.
El problema no está repartido de la misma manera.
En las tarjetas de crédito, la entrada en morosidad grave —90 días o más— se situó en una tasa anualizada del 6,97% durante el segundo trimestre. En los préstamos para automóviles fue del 3,00% y en las hipotecas del 1,52%. La propia Fed de Nueva York considera que las nuevas morosidades de tarjetas y automóviles continúan en niveles elevados.
Las tarjetas cuentan además otra parte de la historia. Entre el tercer trimestre de 2022 y el primero de 2026, la proporción de saldos con más de 90 días de atraso pasó del 7,6% al 12,8%. Pero los economistas de la Fed de Nueva York advierten que esa medida puede ofrecer una imagen más negativa que otros indicadores: los flujos de nuevas morosidades no están acelerándose de la misma manera.
Y entonces aparece Texas.
En agosto, 4.961 propiedades de Texas registraron algún tipo de procedimiento de foreclosure, equivalente a aproximadamente una de cada 2.445 viviendas. Eso colocó al estado con la cuarta tasa más alta del país, detrás de South Carolina, Nevada y Florida.
Es una cifra que merece atención, pero necesita contexto.
En todo Estados Unidos se registraron 40.277 propiedades con algún procedimiento de foreclosure durante agosto, un 13% más que un año antes. Al mismo tiempo, ATTOM señala que la actividad total continúa por debajo de los niveles anteriores a la pandemia. En otras palabras: las ejecuciones están aumentando, pero aumento no significa todavía crisis sistémica.
Incluso dentro de Texas aparecen señales aparentemente contradictorias.
La encuesta bancaria más reciente de la Reserva Federal de Dallas mostró en agosto una mejora de la calidad de los préstamos por primera vez desde 2022. Entre las instituciones encuestadas, el 66,1% dijo que los préstamos problemáticos no habían cambiado y el 19,4% informó de una disminución. Los bancos esperan únicamente un ligero deterioro durante los próximos seis meses.
Ese contraste es importante porque evita una conclusión demasiado fácil.
¿OTRO 2008?
La comparación aparece inevitablemente cada vez que aumentan las ejecuciones hipotecarias. Pero la estructura financiera de 2026 es diferente.
Antes de la crisis de 2008, el problema no consistía únicamente en familias incapaces de pagar sus hipotecas. Existía una combinación mucho más peligrosa: préstamos hipotecarios de baja calidad, elevados niveles de endeudamiento, titulización masiva de esas hipotecas y un sistema financiero altamente expuesto a ellas.
Hoy hay vulnerabilidades, pero no la misma combinación.
La Reserva Federal considera que los balances de los hogares siguen siendo sólidos en conjunto. La mayoría de la deuda pertenece a prestatarios con buenos historiales crediticios, las tasas generales de morosidad hipotecaria permanecen bajas en términos históricos y muchos propietarios conservan importantes colchones de capital acumulado en sus viviendas. La Fed sí identifica más tensión entre algunos préstamos FHA y VA y entre compradores recientes que aportaron entradas pequeñas.
Hay otra cifra que marca una diferencia considerable.
La deuda de los hogares equivale actualmente a aproximadamente 0,90 veces su renta disponible, cerca de los niveles más bajos desde finales de los años noventa si se excluyen las distorsiones de la pandemia. Al mismo tiempo, el patrimonio neto agregado de los hogares alcanzó 195,9 billones de dólares en el segundo trimestre.
Los bancos tampoco están exactamente donde estaban antes de Lehman Brothers. La Reserva Federal describe actualmente al sistema bancario estadounidense como sólido y resiliente, con ratios de capital regulatorio próximos a máximos históricos.
Eso no significa que no exista riesgo.
La Fed observa valoraciones elevadas en determinados activos; las morosidades de tarjetas y automóviles están por encima de buena parte de la última década; determinados prestatarios hipotecarios muestran dificultades; y el apalancamiento de los hedge funds permanece cerca de máximos históricos. Además, los bancos estadounidenses están endureciendo las condiciones para conceder nuevas tarjetas de crédito.
La fotografía que aparece no es, por ahora, la de 2008.
Es posiblemente algo más cotidiano.
Un hogar paga más por financiar un automóvil. Otro mantiene durante meses una deuda de tarjeta a intereses elevados. Una familia que compró recientemente una vivienda tiene menos margen después de pagar hipoteca, seguros, impuestos y alimentación. Individualmente son problemas pequeños. Cuando empiezan a aparecer simultáneamente entre millones de consumidores, se convierten en una variable macroeconómica.
Por eso quizá la pregunta más interesante no sea si Estados Unidos está camino de repetir 2008.
La pregunta es cuánto tiempo puede seguir absorbiendo el consumidor estadounidense el coste acumulado de vivienda, crédito y precios elevados antes de empezar a recortar seriamente su gasto.
Porque una crisis financiera comienza cuando falla el sistema.
La presión sobre una economía puede empezar mucho antes: cuando comienza a fallar el presupuesto de una familia.
Napoleon Finanzas LATAM | Bajo la Lupa | 21 septiembre 2026
Fuentes: Federal Reserve Bank of New York, Federal Reserve Board, Federal Reserve Bank of Dallas y ATTOM. Datos disponibles a 21 de septiembre de 2026.
No es consejo financiero ni de inversión.
