Lo ocurrido durante las últimas horas en Yemen cambia otra vez el mapa de riesgos del mercado energético.

Los hutíes, alineados con Irán, alcanzaron este viernes la estratégica isla de Perim, situada en el estrecho de Bab el-Mandeb. Fuerzas del Gobierno yemení reconocido internacionalmente también se retiraron de Dhubab, en la costa continental. Un día antes, los hutíes habían tomado Mocha y avanzado por la costa del mar Rojo.

La importancia de estos movimientos va mucho más allá de Yemen. Bab el-Mandeb conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y el océano Índico. Es, por tanto, una de las arterias que permiten comunicar los mercados energéticos del Golfo con el canal de Suez y Europa.

Y esta crisis llega en un momento especialmente delicado: el estrecho de Ormuz, al otro lado de la península arábiga, ya está profundamente afectado por el conflicto entre Estados Unidos e Irán.

El jueves se registraron únicamente siete tránsitos de buques por Ormuz, frente a once el día anterior y muy por debajo de los niveles habituales recientes. Arabia Saudí ha recurrido cada vez más al oleoducto Este-Oeste y a sus terminales del mar Rojo para evitar la ruta de Ormuz.

Arabia Saudí: producir petróleo ya no es toda la ecuación

Durante décadas, Arabia Saudí ha desempeñado un papel singular en el mercado petrolero. No es solamente uno de los mayores productores del mundo: también es el país al que los mercados miran cuando necesitan capacidad adicional ante una interrupción de suministro.

Pero una crisis simultánea en varias rutas de transporte cambia esa lógica.

El informe mensual de la Agencia Internacional de la Energía publicado este viernes estima que el suministro saudí de crudo cayó en agosto en 2,3 millones de barriles diarios, hasta aproximadamente 6 millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de tres décadas.

La propia Arabia Saudí comunicó a la OPEP cifras diferentes: 6,238 millones de barriles diarios de producción y 7,122 millones de barriles diarios de suministro. La diferencia es importante porque producción y suministro no miden exactamente lo mismo.

La IEA también redujo en 885.000 barriles diarios su previsión de suministro saudí para 2026, hasta 7,6 millones de barriles diarios.

Los cargamentos saudíes de crudo, incluidos los procedentes del mar Rojo y determinadas rutas difíciles de rastrear, disminuyeron en agosto en aproximadamente 1,1 millones de barriles diarios, hasta 3,5 millones.

Los ataques contra instalaciones energéticas, buques próximos a Bab el-Mandeb y zonas próximas a Yanbu han contribuido a esa situación. La instalación de procesamiento de Abqaiq también fue alcanzada por drones lanzados por milicias iraquíes respaldadas por Irán, según la IEA.

Aquí conviene hacer una distinción fundamental. Arabia Saudí puede disponer de capacidad productiva. Pero un barril potencial bajo tierra no equivale a un barril disponible para una refinería europea, asiática o estadounidense.

Hay que extraerlo, procesarlo, transportarlo y conseguir que llegue al comprador. Y ahora el mercado está empezando a poner precio precisamente a esa diferencia.

Dos estrechos, un mismo problema

Hasta ahora, parte de la respuesta saudí al deterioro de Ormuz consistía en trasladar petróleo desde el este del país hasta Yanbu, en el mar Rojo, utilizando el oleoducto Este-Oeste. De hecho, los cargamentos desde Yanbu habían comenzado a recuperarse durante los primeros días de septiembre.

Pero si Bab el-Mandeb también queda sometido a una presión prolongada, esa alternativa pierde parte de su eficacia.

Reuters informó este viernes, además, de la presencia de humo detectado mediante imágenes de satélite en las proximidades del oleoducto Este-Oeste. Hasta el momento de esa información no existía confirmación oficial saudí de un ataque o incidente en el oleoducto, por lo que no sería correcto presentarlo como un hecho confirmado.

El mercado no necesita que ambas rutas queden completamente cerradas para reaccionar. Basta con que aumenten el riesgo, los seguros, los costes de transporte, los desvíos y la incertidumbre sobre los plazos de entrega. Y eso ya tiene un precio.

El petróleo vuelve a superar la barrera psicológica de los 100 dólares

El deterioro de las rutas marítimas y los ataques sobre infraestructura energética han llevado nuevamente al petróleo por encima de los 100 dólares por barril.

No estamos únicamente ante una subida de una materia prima. El petróleo atraviesa prácticamente toda la economía: gasolina, diésel, aviación, transporte marítimo, logística, agricultura, industria petroquímica y transporte de mercancías.

Cuando permanece elevado durante suficiente tiempo, la presión comienza a transmitirse. Primero al combustible. Después al transporte y los costes empresariales. Y finalmente, en diferente medida y con distintos retrasos, a los precios pagados por el consumidor.

Por eso lo que ocurre actualmente en Yemen puede terminar apareciendo meses después en una estadística de inflación en Washington, Fráncfort o Londres.

Y Estados Unidos ya tenía un problema de inflación

El momento no podría ser más incómodo para la Reserva Federal.

El IPC estadounidense de agosto aumentó un 0,4% mensual y un 3,4% interanual. La inflación subyacente, que excluye alimentos y energía, avanzó un 0,3% mensual, mientras que la tasa interanual se situó en 2,4%.

La gasolina ya contribuyó al aumento del índice general. Y ahora el petróleo vuelve a cotizar por encima de los 100 dólares.

Esto no significa que una subida del crudo se traslade automáticamente y en la misma proporción al IPC. Tampoco significa que una semana de petróleo caro determine por sí sola la política monetaria. Pero sí cambia el balance de riesgos.

La Reserva Federal mantiene actualmente su tipo oficial en el rango del 3,50%-3,75%, y el mercado asigna ahora alrededor de un 85% de probabilidad a una subida de tipos en la reunión de la próxima semana.

La energía ha vuelto a complicar una ecuación que parecía estar acercándose lentamente a una solución.

Del barril al bono, y del bono a Wall Street

Aquí termina de cerrarse el círculo.

Si el petróleo mantiene elevada la inflación, la Reserva Federal dispone de menos margen para relajar las condiciones monetarias. Si los tipos permanecen elevados —o vuelven a subir—, aumenta el coste del dinero. Y si aumenta el coste del dinero, también cambia la valoración de los activos.

El rendimiento del Treasury estadounidense a diez años ha vuelto a acercarse al 5%, alcanzando niveles no vistos en casi tres años. Los mercados afrontan ahora la reunión de la Fed del 15 y 16 de septiembre con una combinación especialmente difícil: petróleo caro, inflación persistente y tensión geopolítica.

Para Wall Street esto importa porque un bono estadounidense cercano al 5% vuelve a ofrecer una alternativa considerable a la renta variable. También encarece la financiación de las empresas y castiga especialmente a aquellas cuyo valor depende en gran medida de beneficios esperados muchos años en el futuro.

Por eso Yemen, un oleoducto saudí, el precio de un barril de Brent y la valoración de una empresa tecnológica estadounidense pueden parecer historias independientes y, sin embargo, formar parte del mismo movimiento.

El margen de seguridad es ahora la verdadera variable

La pregunta que se hace el mercado ya no debería formularse simplemente como: ¿Cuánto petróleo puede producir Arabia Saudí?

La pregunta más útil es: ¿Cuánto petróleo adicional puede producir, procesar y transportar de forma sostenida hasta el mercado si Ormuz y Bab el-Mandeb están sometidos simultáneamente a fuertes restricciones?

Es una diferencia enorme.

La crisis energética de 2026 ya ha provocado, según la IEA, la mayor interrupción de suministro de la historia del mercado mundial de petróleo. La agencia ha coordinado además la mayor liberación de reservas petroleras de emergencia realizada hasta ahora.

Y todavía existe otro elemento que no conviene olvidar: una crisis energética prolongada termina destruyendo parte de su propia demanda.

La IEA prevé ahora que la demanda mundial de petróleo disminuya 2,5 millones de barriles diarios en 2026, una revisión a la baja de 940.000 barriles diarios respecto a su estimación del mes anterior.

Ese es el contrapeso. Precios demasiado altos terminan reduciendo consumo, actividad económica y demanda de energía.

Por eso el mercado se encuentra atrapado entre dos fuerzas: una oferta amenazada por la geopolítica y una demanda que puede debilitarse por las consecuencias económicas de esa misma crisis.

“Los mercados no pueden eliminar los shocks inesperados. Lo que sí pueden construir es capacidad para absorberlos.”
Fuentes consultadas: International Energy Agency (Oil Market Report, septiembre de 2026); Reuters; datos oficiales de inflación de Estados Unidos. Datos contrastados para esta edición del 11 de septiembre de 2026.